Mis hijos nada repetían de lo que se hablaba en familia, tampoco mencionaban los desconocidos que a veces pasaban por la casa.
Es imposible retroceder en el tiempo, no debo mirar hacia atrás, sin embargo no puedo dejar de hacerlo, es una obsesión.
Y entonces, ante el asombro de los comensales y la mortificación de su mujer, el diplomático metió los dedos en el plato, cogió los crustáceos, se los restregó sobre el pecho, encharcando la camisa, el traje y el resto de la corbata, enseguida se pasó.
Tanto mi mujer como yo resultamos muy afectados por la muerte de Isabel -hablaba gesticulando mucho con descuento ikea wasap las manos- sobre todo mi mujer que, sabe?, no quería que Isabel entrase en el internado -su nerviosismo era inocultable- y como ella no puede ya tener más.A María Mónica Collazo (poemas viaje POR EL rezo, si tuviera podríamos cambiar de religión meternos en un barril lleno de aceite aprender el lenguaje de las flores saber cómo se llora en marte.Respira, Paula, tienes que respirar Mi madre sigue regateando con Dios, ahora le ofrece su vida por la tuya, dice que de todos modos setenta años son mucho tiempo, mucho cansancio y muchas penas.Iré a buscarlos apenas tenga trabajo.Luego paseaban por los bulevares ellos dos delante, y su padre detrás, con paso firme.Perdí todas las batallas con ellos, pero milagrosamente gané la guerra.El aire se volvió más y más quieto, nos movíamos con lentitud para no alterar el reposo de nuestros regalo para una despedida de soltera mixta corazones, nos sentíamos colmados por el espíritu de Paula, como si fuéramos uno solo, no había separación entre nosotros, la vida y la muerte se unieron.En el aeropuerto me salió al encuentro un hombre muy alto, me tomó de un brazo y me llevó casi a la rastra hacia un coche negro que aguardaba en la puerta.Nicolás se portaba como un bandido en el colegio, sus notas eran un desastre y vivía lleno de vendajes, se caía, se cortaba, se partía la cabeza y se quebraba huesos con sospechosa frecuencia.Até la pila de hojas con la misma cinta que había usado durante un año y se la pasé tímidamente a mi madre, quien volvió a los pocos días preguntando, con expresión de horror, cómo me atrevía a revelar secretos familiares y a describir.Sabía que estaba haciendo algo prohibido, pero no podía retroceder ni escapar, atrapada en mi propia curiosidad, una fascinación más poderosa que el terror.Se habían enterado que en Australia ofrecían terrenos a los nuevos inmigrantes y decidieron tentar suerte como granjeros.La mujer se arrojó sobre Paula besándola, llévate mis pecados contigo y trata de que allá arriba me los perdonen, suplicaba, y no quiso irse hasta que le aseguré que ella la había escuchado y estaba dispuesta a servirle de correo.En esos tiempos de soledad y de impotencia necesitaba más que nunca el contacto con la naturaleza, la paz de un bosque, el silencio de una montaña o el arrullo del mar, pero las mujeres no debían ir solas ni al cine, mucho menos.Cada etapa del camino es diferente y tal vez la de la literatura ya se cumplió.
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